Del griego antiguo: observar con atención, examinar sin apresurarse a concluir.
Investigar sin cerrar respuestas.
Vivo en un departamento, pero siempre he soñado con tener un jardín. No es que no lo tenga: donde vivimos es uno de los pocos lugares que aún mantienen y donde predominan las áreas verdes extensas. Sin embargo, me refiero a uno propio, donde, cuando no tenga ganas de ver a nadie o simplemente por la mañana muy temprano, pueda salir a tomar mi té sin que me importe mucho estar, por ejemplo, en pijama.
Como suelen decir algunos maestros de meditación, no es necesario irse al Tíbet para encontrar paz; uno puede traerse el Tíbet a donde quiera que esté, ya que todo eso que queremos sentir ya habita dentro de cada uno de nosotros. Bajo esa premisa, me traje mi jardín a las ventanas de mi departamento.
Pero este tardó en florecer, hasta que un día una vecina y amiga me comentó que desde afuera mi ventana se veía muy linda, que yo era "la señora de las plantas". Más allá de que, claro, me escandalicé porque se refirieran a mí como "señora", ese no era el punto. El tema fue que, platicando, nos dimos cuenta de que este jardín floreció una vez que tomé algunas decisiones importantes alrededor de mi vida.
Casualidad o no, la realidad es que muchas veces no reparamos en el aire "emocional" que respiramos, porque estamos acostumbrados.
A mí me gusta utilizar la metáfora de la Ciudad de México: un valle hermoso. Sin embargo, no podemos negar que el aire que respiramos no es el mejor. No obstante, nos acostumbramos a él, porque el ser humano tiene una gran capacidad de adaptación. Desde que nacemos, eso es lo que tenemos que hacer para sobrevivir al ambiente que nos rodea. Los niños tienen una enorme capacidad adaptativa, y por eso pensamos que muchas cosas no les afectan, lo cual no quiere decir que sea lo mejor para ellos.
De la misma manera, muchas veces nos rodeamos de gente o ambientes que no nos hacen bien, que contamina el aire emocional que respiramos y, aunque nos adaptemos, eso no significa que sea lo mejor. Darnos cuenta de esto es un gran paso para "limpiar" nuestro aire.
Curiosamente, el cuerpo cuenta con una emoción destinada justamente a protegernos de aquello que puede enfermarnos: el asco. Nos aleja de la comida echada a perder, de sustancias contaminadas o de aquello que podría intoxicarnos. En el plano emocional, ocurre algo parecido. Algunos ambientes, relaciones o dinámicas producen una sensación difícil de explicar: cansancio, pesadez, ganas de alejarnos o incluso una especie de "mal sabor" (asco). Esa emoción también intenta decirnos algo.
Si uno tiene las ganas o la posibilidad, se irá de la ciudad, pero no siempre puede ser así. Como yo con mi jardín, no siempre podemos "cambiar" radicalmente de ambiente, pero sí hacer algunas modificaciones para que sea un lugar más agradable.
Por ejemplo, de quiénes te rodeas, qué consumes en redes, televisión o literatura, los espacios que habitas, las conversaciones que sostienes e incluso la manera en que te hablas a ti mismo/a.
También observarse ayuda. ¿Cómo me siento alrededor de ciertas personas o entornos emocionales? ¿Qué me sucede? ¿Cómo reacciono? ¿Soy siempre así o empiezo a "toser", como en la metáfora del aire de la ciudad, cuando estoy con esta u otra persona? O, por el contrario, ¿mi jardín florece en presencia de ciertas personas, conversaciones o espacios?
Quizá hay amistades entrañables que nos despejan el aire. Una charla tranquila, tiempo para estar con uno mismo, caminar, leer, compartir una comida, estar en silencio o simplemente vivir por un momento lejos del apuro, la hiperproductividad o el ruido constante.
Así como hay ambientes que nos agotan, también existen personas y lugares que nos oxigenan. Y aprender a reconocerlos puede ser tan importante como identificar aquello que nos contamina.
Cuando somos niños, son muy pocas las cosas que podemos elegir, empezando por la familia, pero de adultos podemos decidir y tomar acción. Si bien no se trata de ser radical, sí de prestar atención a estos detalles.
Te invito a hacer esa reflexión, a mirarte y a observar si el aire que respiras no está demasiado cargado y si es hora de hacer algo, desde adentro o también, ¿por qué no?, desde afuera.
Porque de este aire depende mucho nuestra calidad de vida y, a lo largo del tiempo, las secuelas aparecerán. Porque, por más que nos adaptemos, si lo que respiramos o consumimos es tóxico, tarde o temprano aparecerán consecuencias. Muchas veces estas son de tipo emocional, que terminan manifestándose en el cuerpo: fatiga crónica, dolores persistentes o una sensación de agotamiento o malestar difícil de explicar.
No se trata de mudarse o romper con todo el mundo, sino de ser conscientes de lo más general: poner límites, darse espacios, en fin. Sería el equivalente a darse unas escapadas al campo, por ejemplo, o poner filtros en casa.
Hay días en la Ciudad de México en los que el aire está particularmente limpio (como el día que escribí este artículo). Las montañas aparecen, el verde vuelve a verse y recordamos lo hermosa que puede ser esta ciudad.
Las montañas, los árboles y los pájaros siempre estuvieron ahí.
Era la contaminación la que impedía verlos con claridad.
Quizá algo parecido sucede en nuestra vida emocional. No siempre es la ciudad la que está mal. A veces es el aire que estamos respirando.
Y cuando logramos limpiarlo, aunque sea un poco, nuestro jardín vuelve a florecer.
Sandra L Vargas

Soy Sandra…
Psicóloga y psicoanalista. Mi camino comenzó temprano, primero como paciente y luego como alguien profundamente interesada en comprender la experiencia humana desde dentro. Me formé en psicología y Psicoanalista en México y en España. Desde 2008 tengo mi práctica privada. A lo largo de los años he combinado el trabajo clínico, la docencia y la creación de espacios de acompañamiento emocional, convencida de que el autoconocimiento no es un destino sino un proceso vivo. Este espacio nace de ese recorrido: un espacio para pensar, sentir y abrir preguntas, en comunidad.

Sképsis · Reflexiones es el blog de ABRIR, un espacio de salud emocional y autoconocimiento donde exploramos emociones, cuerpo y relaciones para abrir preguntas y crear comunidad.
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