LAS CRÍTICAS: la posibilidad de crecer

Sképsis · Reflexiones

σκέψις

Del griego antiguo: observar con atención, examinar sin apresurarse a concluir.

Investigar sin cerrar respuestas.

A nadie nos gusta que nos critiquen. A unos menos que otros, y algunos son particularmente intolerantes a ellas, como si les causaran una alergia mortal. Sin embargo, gracias a las críticas podemos ver puntos ciegos de nosotros mismos y conocer aspectos que de otra manera sería imposible ver; simplemente no están al alcance de nuestra mirada.

Yo crecí en una familia que, aunque no describiría como "crítica", sí tenía un tono burlón y una exigencia tal que, de pronto, si te salías de lo esperado, no era del todo bien visto, fuera explícita o implícitamente. Esta fue mi percepción, no necesariamente compartida por mis hermanos, quizá porque a mí me afectaba más, o quizá porque yo me salí más de lo esperado.

Ahora me genera cierto orgullo, pero la verdad es que durante mucho tiempo me despertó sentimientos de insuficiencia y decepción. Era mejor estar escondida y no ser vista que exponerse a "la crítica". Aprendí el arte de hacerme invisible, y esto por supuesto se extendió al contexto escolar y social.

Lo peor que me podía pasar era mostrar algo "imperfecto" que pudiera ser material de crítica y, como nadie es perfecto, mejor no mostrar nada y portarme "muy bien".

Aquí podría preguntarme cuántas cosas dejé de hacer para evitar la crítica. Cuántas veces no hablé o dije lo que realmente pensaba o quería. Cuántas veces no expresé, no bailé, no pinté, no mostré. Cuántos proyectos no inicié, cursos no tomé. Cuántas veces elegí pasar desapercibida antes que correr el riesgo de equivocarme o de "hacer el ridículo".

Porque muchas veces no es la crítica lo que nos paraliza, sino la vergüenza. La vergüenza nos dice: "hay algo malo en mí". Y cuando la vergüenza entra en escena, dejamos de aprender y empezamos a escondernos. Como dice Brené Brown, la vergüenza se alimenta del silencio. Crece y crece. Por eso después cuesta tanto trabajo salir de ahí, aun cuando racionalmente podríamos pensar: "no es para tanto".

¿Por qué nos asusta tanto la crítica?

Puede haber muchas respuestas, pero una muy básica es que, recordando lo endebles y vulnerables que nacemos y la necesidad de la mirada de los cuidadores principales para formar nuestra propia imagen, la crítica podría representar el peligro de ser desplazados por algo o alguien mejor; es decir, la pérdida del amor de los padres, que conllevaría una pérdida de nosotros mismos. Y si no soy suficiente para ellos, que en teoría deberían amarme por quien soy, entonces nadie en este mundo me amará jamás.

Esta es la perspectiva infantil con la que miramos esto.

Gabor Maté ha escrito extensamente sobre el conflicto entre apego y autenticidad. Los niños necesitan ambas cosas, pero cuando perciben que ser quienes son amenaza el vínculo con quienes aman, suelen sacrificar la autenticidad para preservar el apego. Aprenden a ocultar ciertas partes de sí mismos, a comportarse de determinada manera, a no molestar, a no sobresalir, a no decepcionar.

Quizá por eso el miedo profundo no sea a la crítica en sí misma, sino a lo que creemos que podría significar: dejar de pertenecer, dejar de ser queridos, descubrir que algo en nosotros resulta inaceptable.

Por eso es tan importante en la infancia de los niños cuidar esto, ya que no van a leer la crítica como lo podría hacer un adulto (en el mejor de los casos, ya vimos que esto puede prevalecer hasta la adultez si algo fue mermado).

Porque aunque racionalmente sepamos que una crítica no define nuestro valor como personas, emocionalmente muchas veces seguimos reaccionando desde aquel niño o niña que necesitaba la aprobación de otros para construir una imagen de sí.

Quizá por eso ciertas observaciones nos duelen mucho más de lo que parecería razonable. No están tocando únicamente el presente. Están rozando historias mucho más antiguas.

Con el tiempo ocurre algo curioso: muchas personas ya no necesitan que alguien las critique. Han incorporado esa voz dentro de sí mismas. Antes de intentar algo nuevo, ya encontraron todos los defectos. Antes de compartir una idea, ya imaginaron todas las objeciones. Antes de exponerse, ya se juzgaron.

Esto me pasaba a mí. Quizá por eso me tardé tanto tiempo en exponer mi voz. Como ahora con estos escritos, donde comparto un pedacito de mí.

Durante mucho tiempo no escribí. O escribí sólo para mí. O escribí cosas que nunca mostré.

No porque no tuviera algo que decir. Más bien porque dudaba que valiera la pena decirlo. Porque pensaba que otros ya lo habían dicho mejor. Porque me preguntaba quién era yo para ocupar ese espacio o para pretender que alguien quisiera escucharme.

Hoy sigo sintiendo algo de ese temor de vez en cuando. La diferencia es que ya no dejo que decida por mí.

Byron Katie plantea una idea que me parece interesante: cuando alguien nos critica, en lugar de reaccionar automáticamente o defendernos, podemos preguntarnos si existe algo de verdad en lo que escuchamos. No porque todo juicio ajeno sea correcto, sino porque a veces los demás ven aspectos nuestros que nosotros no alcanzamos a ver.

Y si algo me duele particularmente, vale la pena preguntarme por qué. No necesariamente porque sea verdad, sino porque ha tocado algo significativo para mí.

La pregunta no sería: "¿es verdad todo lo que dicen de mí?", sino "¿hay algo aquí que pueda ayudarme a conocerme mejor?".

Las críticas pueden señalar errores, pero también pueden señalar puntos ciegos. Y los puntos ciegos, por definición, son imposibles de ver por nosotros mismos.

Por el otro lado, vale la pena recordar que muchas veces quien critica constantemente habla más de sí mismo que del otro.

¿Qué ocurre cuando somos nosotros quienes criticamos constantemente?

Hay personas para quienes señalar defectos parece una actividad permanente. Critican cómo viven los demás, cómo hablan, cómo se visten, las decisiones que toman o incluso los sueños que persiguen.

¿Qué toca dentro de esa persona? ¿Qué inseguridad, miedo o herida se activa? ¿Qué resulta tan difícil reconocer que necesitamos colocarlo en otros?

Este mecanismo se conoce como proyección.

No toda crítica es una proyección. Pero algunas sí nos ofrecen información valiosa sobre quien la emite.

Tal vez la pregunta no sea únicamente qué hacemos con las críticas que recibimos. Quizá también conviene preguntarnos qué revelan las críticas que hacemos y qué nos dicen acerca de quien las emite.

Es improbable que logremos evitar las críticas. Siempre habrá alguien a quien no le guste lo que hacemos, lo que pensamos o la manera en que elegimos vivir.

Pero quizá tampoco sea necesario evitarlas.

Algunas críticas nos mostrarán puntos ciegos y nos ayudarán a crecer. Otras nos permitirán descubrir heridas que aún nos duelen. Algunas más hablarán principalmente de quien las emite, de sus propios temores, frustraciones o conflictos.

Lo interesante es que, en cualquiera de los casos, hay algo por conocer.

Algo que aprender.

Quizá la pregunta no sea cómo dejar de ser criticados, sino qué hacemos con aquello que una crítica despierta en nosotros.

Porque cuando dejamos de vivirlas únicamente como ataques y comenzamos a mirarlas con curiosidad, las críticas pueden convertirse en una fuente inesperada de conocimiento.

Conocimiento sobre nosotros mismos.

Y a veces también sobre los demás.

Sandra L Vargas

Soy Sandra…

Psicóloga y psicoanalista. Mi camino comenzó temprano, primero como paciente y luego como alguien profundamente interesada en comprender la experiencia humana desde dentro. Me formé en psicología y Psicoanalista en México y en España. Desde 2008 tengo mi práctica privada. A lo largo de los años he combinado el trabajo clínico, la docencia y la creación de espacios de acompañamiento emocional, convencida de que el autoconocimiento no es un destino sino un proceso vivo. Este espacio nace de ese recorrido: un espacio para pensar, sentir y abrir preguntas, en comunidad.

Sképsis · Reflexiones es el blog de ABRIR, un espacio de salud emocional y autoconocimiento donde exploramos emociones, cuerpo y relaciones para abrir preguntas y crear comunidad.

contacto@sandralvargas.com

Newsletter

Suscríbete para recibir nuestras publicaciones