Del griego antiguo: observar con atención, examinar sin apresurarse a concluir.
Investigar sin cerrar respuestas.
Crecí, como todos, con una historia impuesta sobre mí. Con expectativas, etiquetas y creencias que comenzaron a delinearse desde muy temprano: la tercera de tres hermanos, muy cercana en edad a mi hermana. Todo eso —y mucho más— fue configurando la narrativa que se instauró en mí.
En la distribución de roles familiares me tocó el lugar de “la pequeña”. El supuesto papel de la "consentida". Algo que no necesariamente creía cierto yo. Lo que sí es cierto es que era más tranquila y más apegada a mi mamá (según cuentan).
Yo solía decir que los talentos se habían repartido así: mi hermano mayor era el creativo, mi hermana la fuerte y yo, la inteligente. Así logré delinear algo con lo cual identificarme. Me dediqué entonces a ser “buena estudiante”, a cumplir con mis tareas, a hacer lo que debía hacer. Y aquí hay algo importante: eso no tiene nada que ver necesariamente con la inteligencia. Pero me permitía distinguirme, ocupar un lugar propio y valorar algo en mí, ya que sentía que no tenía los mismos talentos que mis hermanos.
Además, tanto la creatividad como la fortaleza eran reconocidas en casa, pero también lo académico. Así que fue una buena elección estratégica. Incluso en el kínder —sí, en el kínder— gané un reconocimiento al mejor promedio. Y esa fue mi ancla. Ahí empecé a definirme.
Sin embargo, lo que yo llamaba inteligencia era, en realidad, obediencia. Ser aplicada. Cumplir. Hacer siempre la tarea. Portarme bien. Eso también tenía reconocimiento.
Y así seguí durante años. Hasta la adolescencia, que si bien no deje de ser buena estudiante empece a fallar en eso de "portarme bien" digamos que (afortunadamente) me revele un poco.
Sin embargo, ya mas grande regrese a este rol asignado, ahora exigido por mi.
Hasta que entendí que esa identidad que me había servido para diferenciarme y sostenerme se convirtió en una prisión estrecha. Me ha tomado mucho tiempo cuestionar la idea de que debo cumplir absolutamente todo, hacer siempre lo que se espera y no fallar jamás.
Descubrí que mi inteligencia no tiene nada que ver con hacer la tarea. Que cumplir siempre no es necesariamente una virtud. Que puede convertirse en cárcel.
Lo que alguna vez fue una estrategia para pertenecer y valorarme, hoy requiere ser revisado. Porque las creencias que nos sostienen en un momento pueden, con el tiempo, limitarnos.
Y a veces crecer implica precisamente eso: atreverse a cuestionar la historia que aprendimos a contar sobre nosotros mismos.
Te invito a cuestionar la historia que te contaste de ti, qué rol aprendiste en tu familia, y que estrategias o adaptaciones que en ese entonces funcionaron, quizá hoy te están limitando. No para que las juzgues, simplemente para que las cuestiones...
(La de en medio en la foto, esa soy yo)
Sandra

Soy Sandra…
Psicóloga y psicoanalista. Mi camino comenzó temprano, primero como paciente y luego como alguien profundamente interesada en comprender la experiencia humana desde dentro. Me formé en psicología y Psicoanalista en México y en España. Desde 2008 tengo mi práctica privada. A lo largo de los años he combinado el trabajo clínico, la docencia y la creación de espacios de acompañamiento emocional, convencida de que el autoconocimiento no es un destino sino un proceso vivo. Este espacio nace de ese recorrido: un espacio para pensar, sentir y abrir preguntas, en comunidad.

Sképsis · Reflexiones es el blog de ABRIR, un espacio de salud emocional y autoconocimiento donde exploramos emociones, cuerpo y relaciones para abrir preguntas y crear comunidad.
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