Del griego antiguo: observar con atención, examinar sin apresurarse a concluir.
Investigar sin cerrar respuestas.
A propósito del aniversario de Sigmund Freud, pensé en algo que atraviesa mi práctica todos los días: lo que ocurre en el encuentro con otro.
Esta mañana me desperté con un mensaje de una paciente nueva que me conmovió profundamente. Me agradecía que, en las pocas sesiones que habíamos tenido, algo de lo que llevaba tiempo enredado comenzara a tomar forma.
Pero lo que más me movió no fue eso, sino que decía haberse encontrado con una mirada sin juicios, desde la cual empezar a mirarse a sí misma de una forma más compasiva.
Eso es, justamente, lo que intento sostener todos los días en el consultorio: poder estar sin juicio ni crítica. Y que ella lo haya vivido así me hizo sentir que valía la pena mi esfuerzo constante en esto.
Genuinamente, mi trabajo lo hago desde un lugar muy personal. Y aunque sé que eso no basta —que entrar en la vida emocional y psíquica de alguien implica una enorme responsabilidad—, también he dedicado mucho tiempo y esfuerzo a mi formación. Hoy puedo reconocerlo sin sentir que es falta de modestia. Es, más bien, un reconocimiento a mi propio camino. ¿Cómo querer que mis pacientes puedan mirarse a sí mismos con compasión, con aprecio, si yo no lo hago o por lo menos trato de hacerlo conmigo misma?
Más tarde, en mi meditación, apareció el tema de la compasión y el bienestar. Cómo la compasión hacia otros no solo impacta afuera, sino que también transforma internamente, y a mí me ha transformado profundamente.
Cada vez que termina un proceso analítico (por la razón que sea), les agradezco. Yo me transformo con cada paciente, en cada sesión, no porque se trate de mí, sino porque trato de estar abierta a esto mismo, a ser “tocada” internamente para poder ver a los demás desde sus propias experiencias, y eso es un regalo.
Pude conectar algo: muchas veces he dicho que mi trabajo me da paz, que también me ayuda a mí. Pensaba que tenía que ver con “sentirme útil”… pero hoy lo veo distinto.
Hay una idea de Irvin D. Yalom que siempre vuelve. Yalom es un psiquiatra existencial que admiro y que ha escrito mucho para terapeutas, pero, sobre todo, ha puesto en palabras algo esencial: que más allá de las técnicas, lo que verdaderamente ocurre en terapia es un encuentro humano. Su forma de trabajar —cercana, implicada, profundamente respetuosa del otro— me parece fundamental.
Él dice que el instrumento más importante en terapia es uno/a mismo/a.
Y creo que algo de eso se hace evidente en estos momentos.
Porque no es solo lo que hago, ni lo que sé. Es la posibilidad de estar con otro desde un lugar suficientemente abierto como para no imponer, no juzgar y permitir que el otro o la otra pueda mirarse con mayor claridad. No como intercambio. No como sacrificio. Sino como encuentro.
Y en ese encuentro, algo ocurre. Yalom también plantea que la relación es, en sí misma, el tratamiento. Gabor Maté comparte la idea de que uno se “lastimó en relación”, así que para sanar hay que sanar en relación también (por eso es fundamental la presencia de un "otro"). No en un sentido romántico, sino en algo mucho más profundo: en la calidad de la presencia, en la implicación real, en permitir que el otro importe.
Y en este espacio de mi clínica, el y la otra me importan de verdad.
Porque, aunque este trabajo puede ser pesado, incluso abrumador —y exige horas de preparación, sobre todo de uno mismo—, hay algo que sucede en ese espacio compartido que también regresa.
Quien está ahí tiene que estar para el otro, no para sí mismo en un acto narcisista. Y, sin embargo, en esa presencia, en ese vínculo, algo también nos toca, nos mueve, nos transforma.
Agradezco profundamente a cada paciente que me ha permitido estar cerca, que ha confiado lo suficiente como para poner —aunque sea de manera transitoria— su vida emocional en mis manos. El valor y la responsabilidad que esto implica es enorme. Es, de alguna manera, dejarse caer de espaldas confiando en que alguien estará ahí para sostenerte.
Y esa confianza NO puede tomarse a la ligera.
Por eso no dejo de trabajar en mí: en mi propio análisis, en las conversaciones con colegas, en lo que leo, en lo que escucho... En todo aquello que me permita estar, cada vez, un poco mejor para quien llegue.
Este escrito está dedicado a cada una de las personas que han pasado por mi consultorio, ya sea por momentos muy esporádicos o en procesos largos de años. Los recuerdo a todos y a todas, ya que gracias a ellos también soy la profesionista que soy.
*Si algo de esto te resuena y te interesa profundizar, el libro El don de la terapia de Irvin D. Yalom pone en palabras, de una forma muy clara y cercana, mucho de lo que ocurre en este tipo de encuentros.
Sandra L Vargas

Soy Sandra…
Psicóloga y psicoanalista. Mi camino comenzó temprano, primero como paciente y luego como alguien profundamente interesada en comprender la experiencia humana desde dentro. Me formé en psicología y Psicoanalista en México y en España. Desde 2008 tengo mi práctica privada. A lo largo de los años he combinado el trabajo clínico, la docencia y la creación de espacios de acompañamiento emocional, convencida de que el autoconocimiento no es un destino sino un proceso vivo. Este espacio nace de ese recorrido: un espacio para pensar, sentir y abrir preguntas, en comunidad.

Sképsis · Reflexiones es el blog de ABRIR, un espacio de salud emocional y autoconocimiento donde exploramos emociones, cuerpo y relaciones para abrir preguntas y crear comunidad.
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