Metaforas

Sképsis · Reflexiones

σκέψις

Del griego antiguo: observar con atención, examinar sin apresurarse a concluir.

Investigar sin cerrar respuestas.

Siempre me han gustado las metáforas. En un inicio, probablemente porque me costaba encontrar las palabras correctas para expresar lo que sentía o pensaba —o incluso el vocabulario o la manera—. Las metáforas fueron grandes aliadas, y hoy son parte de mi forma de hablar y trabajar.

Incluso este blog en sí es una metáfora: la metáfora de un caminar por la vida, buscando y encontrándome a través de la escritura. Y compartir mi camino particular, dejando una especie de mapeo para quien le pueda servir, del terreno que yo he explorado. Pero, por supuesto, existe un territorio mucho más amplio, recorrido por muchos antes que yo, al mismo tiempo y después. Este es simplemente el mapa que dejo hoy aquí.

La palabra “metáfora” viene del latín metaphora, que a su vez deriva del griego metapherō, cuyo significado es “llevar o trasladar algo a otro sitio”. A veces, cuando vemos las cosas sin mirarlas directamente, podemos verlas con más claridad.

La metáfora del árbol es una de mis favoritas, de ahí todo el concepto de mi proyecto. Soy una gran admiradora de los árboles en general: me parecen seres majestuosos y sabios, que nos preceden y seguramente seguirán mucho más tiempo que nosotros. Tiene muchos elementos que la acompañan: adaptarse, permitir, extender, crecer, echar raíces, desenvolver, revelar, mostrar… Todos ellos son pertinentes para lo que intento hacer o plasmar. Es, para mí, la metáfora del crecimiento.

Un árbol no crece de golpe. Crece hacia donde puede, hacia donde hay luz, mientras sus raíces se hunden en lo que lo sostiene (sus nutrientes). Se va adaptando a su contexto, lucha por sobrevivir de la mejor manera, sin juicios, sin críticas. Y si el ambiente es más favorecedor, su desarrollo será distinto.

Quizá algo de eso pasa también con nosotros.
No crecemos de golpe, ni en línea recta.
Vamos encontrando hacia dónde ir, mientras algo en nosotros intenta sostenerse.

Por otro lado, volviendo a las metáforas, no todo lo que vivimos puede ser dicho explícitamente. A veces el lenguaje no alcanza, o no se deja nombrar de forma clara o inmediata. Hay experiencias que no encuentran palabras, al menos no al inicio. Y es ahí donde la metáfora aparece como un puente. Nos ayuda a entender desde otro lugar, para que después pueda ser transformado.

En el pensamiento psicoanalítico, lo simbólico ocupa un lugar central: es lo que permite que algo de lo vivido se vuelva pensable, algo que puede ser elaborado. Cuando esto no ocurre, muchas veces lo que no logra simbolizarse queda en el cuerpo, en la acción, en el síntoma, como fue claro en el artículo anterior (¿Narco- qué? el cuerpo hablando).

Las metáforas, en ese sentido, no son solo una forma bonita de decir algo. Son una vía para poder decir. Como si acercarnos “de lado” a lo que sentimos nos permitiera, poco a poco, rodearlo sin que resulte abrumador.

A veces no podemos decir “me duele”.
Pero podemos sentir un dolor en el cuerpo.
O “llorar con el cuerpo”.

Y en ese desplazamiento, en ese “llevar algo a otro sitio”, empieza a aparecer sentido. Podemos acercarnos a lo que nos sucede desde lo simbólico, desde la metáfora. Estas también nos acercan a eso que no es del todo verbal: lo emocional, lo corporal, incluso lo que algunos llamarían espiritual (aquello que rebasa lo cognitivo). Son una forma de escuchar lo que todavía no tiene forma clara, pero insiste o encuentra otra manera de existir.

Quizá por eso me interesa tanto también el mundo de los sueños. Porque los sueños hablan justamente en ese lenguaje: el de lo simbólico, las imágenes, los desplazamientos y las metáforas. No suelen decir las cosas de manera literal, pero muchas veces logran mostrar algo profundamente verdadero de nosotros.

Por eso, en las próximas semanas abriré un nuevo espacio llamado Laboratorio de Sueños, un taller para acercarnos a los sueños desde la curiosidad, lo simbólico y la exploración personal. Más que “interpretarlos” de manera rígida, la idea será aprender a escucharlos y entender cómo dialogan con nuestra historia interna.

(Si te interesa recibir la información cuando abra inscripciones, puedes registrarte en la lista de espera al final de este artículo).

No se trata de entender todo de inmediato.
Se trata, quizá, de empezar a mirarnos desde lo simbólico.
De permitir que algo se diga, aunque no sea de manera directa.

Tal vez por eso sigo recurriendo a ellas. Esto es evidente en mis sesiones: me ayudan a mí —y espero que a mis pacientes— a decir y escuchar desde otro lugar, y sobre todo, sin juicio.

Porque no todo en la vida se resuelve con claridad.
Pero mucho puede empezar a moverse cuando encontramos una forma —aunque sea indirecta— de nombrarlo.

Y, a veces, una metáfora abre más que una explicación.

Soy Sandra…

Psicóloga y psicoanalista. Mi camino comenzó temprano, primero como paciente y luego como alguien profundamente interesada en comprender la experiencia humana desde dentro. Me formé en psicología y Psicoanalista en México y en España. Desde 2008 tengo mi práctica privada. A lo largo de los años he combinado el trabajo clínico, la docencia y la creación de espacios de acompañamiento emocional, convencida de que el autoconocimiento no es un destino sino un proceso vivo. Este espacio nace de ese recorrido: un espacio para pensar, sentir y abrir preguntas, en comunidad.

Sképsis · Reflexiones es el blog de ABRIR, un espacio de salud emocional y autoconocimiento donde exploramos emociones, cuerpo y relaciones para abrir preguntas y crear comunidad.

contacto@sandralvargas.com

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