Punción: poder llorar

Sképsis · Reflexiones

σκέψις

Del griego antiguo: observar con atención, examinar sin apresurarse a concluir.

Investigar sin cerrar respuestas.

Hace un par de años fui a una punción seca —un procedimiento utilizado para liberar tensión muscular y puntos de dolor acumulados en el cuerpo— y hace poco me encontré con una reflexión que escribí al salir de ella ese día.

Llegué ahí después de meses de contracturas. Mi cuello estaba tan tenso que algunos días sentía literalmente que me pesaba la cabeza y no lo podía mover. Había intentado varias cosas antes, pero nada parecía ayudar demasiado.

Es verdad que ya me habían sugerido dejar por una temporada los ejercicios de fuerza y centrarme más en estiramientos y prácticas como el yoga, pero no había querido (o podido) escuchar. Recuerdo que me dolió mucho, muchísimo y que lloré. Pero no únicamente por el dolor físico; lo que más me impactó fue lo emocional.

Fue como si de pronto ese dolor físico hubiera dado forma a todo aquello que llevaba cargando. Como si la punción hubiera abierto una salida para un dolor que llevaba demasiado tiempo contenido.

Más allá de lo doloroso del procedimiento, estaba llorando por todo aquello que había estado sosteniendo durante años. Y lloré.

Lloré mucho.

Como si, por primera vez, hubiera permiso para llorar porque ya no podía seguir resistiendo.

Tumbada boca abajo, llorando en silencio por el dolor, pero sobre todo por esta indicación de la fisioterapeuta, primero muy enojada me preguntaba por qué estaba llorando por esa "estupidez" (dejar de hacer ejercicios de fuerza); me cuestioné por qué me afectaba tanto…

Me pregunté: ¿Por qué tengo que dejar de hacer ejercicio? Lloraba.Tenía miedo a dejar de estar fuerte. Me voy a volver débil.

Llegó a mi mente cómo el ejercicio y todo lo que le dediqué a mi cuerpo físicamente no solo me ayudaron a decidir separarme y recobrar la fuerza después de una relación que me dejó drenada: la narcolepsia que me diagnosticaron —que les platiqué anteriormente—. También me hicieron saber que sobreviviría, que podía con la batalla.

Mi cuerpo fuerte se había convertido, sin que yo lo notara, en una especie de armadura. En un símbolo de que podía.

Y ahí, acostada, entendí de pronto que esta "fuerza" ya no me estaba ayudando. Que me estaba lastimando… Sobre todo, que mi fuerza ya no radicaba ahí; ya la tenía, ya existía dentro de mí. Que no me iba a volver débil por no estar en pie de guerra, sudando, desarrollando músculo. Que ya no necesitaba eso y que, aunque me aterraba, ya no me estaba ayudando.

A veces cuesta mucho reconocer que aquello que nos ayudó a frenta a una etapa difícil, también puede convertirse en otra forma de dañarnos cuando permanece de manera constante y sin descanso.

Entonces apareció otra pregunta: ¿por qué no puedo dejarme en paz? Descansar, estirar, rehabilitar todos los músculos que se esforzaron durante años por sostener la batalla.

¿Por qué me cuesta tanto permitirle a mi cuerpo recuperarse?

Recordé las meditaciones de Tara Brach, The Body of Fear, y entendí que quizá no quería soltar un cuerpo que representaba estar lista para la guerra, para sobrevivir… Pero que esa batalla ya había terminado, que ahora tocaba reconstruir y agradecerle a ese cuerpo todo lo que había hecho para sostenerme, y que para eso no necesitaba estar como un gladiador… que podía relajarme. Pero parecía que no quería soltar un cuerpo que estaba listo para defenderse.

Empezaba a entender entonces que quizá también necesitaba estar fuerte para algo más: para permitirme llorar. Podía llorar sin miedo, podía dejar salir todo ese dolor que llevaba tanto tiempo sosteniendo. Quizá por eso estaba ahí, llorando. Porque mi batalla más fuerte nunca había sido únicamente con las circunstancias, sino conmigo misma: con mis miedos, con mis constantes exigencias y con mi falta de confianza de que, si bajaba la guardia, iba a estar bien.

Empezaba a entender que estaba bien y que seguiría bien si lloraba; que eso no era ser débil, era todo lo contrario. Era la fuerza de poder sostener, cuidar y acompañar también ese dolor, porque me tenía a mí, porque estaba para mí…

Pero seguí dudando: ¿será? ¿Y si me confío demasiado? Esta duda me está costando la salud física; está atrofiando mi cuerpo. Soy yo ahora la que se está lastimando por no ver que toca flexibilidad. Durante mucho tiempo asocié la fuerza con resistir, aguantar, empujar, seguir adelante. Pero la flexibilidad, así como poder llorar, también es una forma de fortaleza.

Los músculos rígidos se lesionan, las mentes rígidas también.

A veces tiene que ver con aprender a soltar.

En fin…

Escribí esto para mí, en ese momento, para acompañarme a darle sentido a ese llanto necesario, a ese dolor que gritaba por salir de mi cuerpo.

Y entonces bajé las armas.

Con mucho miedo.

Llore...

Hoy leo esto, más de dos años después: Dejé los ejercicios de fuerza, me quedé nadando y haciendo yoga. No me volví débil. No perdí mis músculos. Es verdad que ya no estoy como un gladiador, pero tampoco quiero estarlo. Al menos por ahora. Y me siento mejor.

(También estoy profundamente agradecida con quienes me acompañaron en esa época: mis fisioterapeutas, mi maestro de yoga, mis amigos de siempre y todas las personas que estuvieron ahí.)

Soy Sandra…

Psicóloga y psicoanalista. Mi camino comenzó temprano, primero como paciente y luego como alguien profundamente interesada en comprender la experiencia humana desde dentro. Me formé en psicología y Psicoanalista en México y en España. Desde 2008 tengo mi práctica privada. A lo largo de los años he combinado el trabajo clínico, la docencia y la creación de espacios de acompañamiento emocional, convencida de que el autoconocimiento no es un destino sino un proceso vivo. Este espacio nace de ese recorrido: un espacio para pensar, sentir y abrir preguntas, en comunidad.

Sképsis · Reflexiones es el blog de ABRIR, un espacio de salud emocional y autoconocimiento donde exploramos emociones, cuerpo y relaciones para abrir preguntas y crear comunidad.

contacto@sandralvargas.com

Newsletter

Suscríbete para recibir nuestras publicaciones