Del griego antiguo: observar con atención, examinar sin apresurarse a concluir.
Investigar sin cerrar respuestas.
Este título es en referencia a una canción de Mecano (Te busqué, 1986) que me hace mucho sentido. En el consultorio —y también en mi propia experiencia— aparece con frecuencia una misma sensación: “me falta algo”. Muchas veces esa falta se coloca afuera: si tuviera dinero estaría tranquilo, si esa persona me quisiera sería feliz, si lograra esto entonces sí me sentiría en paz.
Mi propuesta es otra: eso que solemos buscar —la calma, el amor, la sensación de plenitud— no depende de que algo externo ocurra, sino que es algo que puede gestarse desde dentro. Y, sin embargo, podemos pasar una vida entera buscándolo afuera, sin éxito o con un alivio momentáneo, cuando en realidad siempre estuvo dentro: “en el corazón”, como canta Ana Torroja con mucho sentido.
Los seres humanos somos seres de objetos y necesitamos "contenedores" que nos ayuden a verter lo que va más allá del mundo tangible o material: las emociones, los sentimientos, lo abstracto, lo poético, aquello que rebasa lo racional, lo espiritual (como sea que lo entendamos). Por ello lo vertimos —no siempre en objetos muy adecuados— en el dinero, la comida, las personas, el placer, las sustancias o en cualquier elemento o persona externa que nos permita volver concreto y “manejable” aquello que por dentro es invisible, abstracto y difícil de sostener.
El psicoanalista Donald Winnicott hablaba de los objetos transicionales, esos objetos a los que un niño se apega —como una manta o un peluche— y que le ayudan a transitar entre su mundo interno y el mundo exterior. Más adelante, Christopher Bollas describió cómo muchas veces seguimos buscando en el mundo lo que llamó objetos transformacionales: personas, experiencias u objetos en los que depositamos la esperanza de que algo dentro de nosotros cambie o se acomode.
Lamentablemente, cuando creemos que cambiando únicamente lo de afuera encontraremos aquello que sentimos que nos falta, olvidamos que hay aspectos —la calma, la felicidad, el amor propio, el sentido— que solo pueden gestarse si nacen desde dentro. Y aunque por momentos parezca que lo externo lo resuelve, rara vez satisface esa necesidad profunda o permanece más allá de lo inmediato.
En parte, esta tendencia a buscar afuera lo que sentimos que nos falta empieza muy temprano. Cuando somos niños, aquello que llamamos “amor”, calma o reconocimiento depende realmente de nuestros cuidadores principales —en el mejor de los casos mamá o quien ocupe ese lugar—. Es decir, en un inicio sí viene de afuera, en interrelación con nuestro propio psiquismo. Pero como es algo tan complejo de transmitir, y porque nuestros cuidadores también cargan con sus propias historias, desde muy pequeños podemos quedarnos con la idea de que eso abstracto que buscamos depende o viene del afuera. Esto puede haberse transmitido por su propia confusión o por una interpretación nuestra: “si me porto bien, si me veo así o asá, si saco buenas notas, si hago lo que me dicen, si cumplo ciertas expectativas, entonces soy digno o digna de ser amado, reconocido, tener paz, felicidad, ser aceptado, etc.”.
Esto cuatrapea nuestra orientación sobre dónde buscar aquello que realmente añoramos: sabernos amados, conectados y sentir que pertenecemos a algo más grande que nosotros mismos, pero empezando por nosotros mismos.
A mí también se me suele olvidar. Y lo que más me ayuda es parar, pausar. Y si, como dice Mecano, en silencio puedo oír esa voz, esa voz interna que me acompaña siempre, que me brinda amor constante y me da calor. Ahí se encuentra, en un rincón.
Y como les platicaba en el artículo de Ruidos, esta voz suele ser más callada. Por eso es difícil escucharla cuando nos dejamos envolver por los ruidos y por las falsas ideas de que algo allá afuera nos dará eso que “necesitamos”.
No está en las cuentas de banco, en las tiendas departamentales, en la bebida o en las relaciones superficiales. Está en el fondo de nuestro ser y, desde ahí, podemos conectarnos de nuevo y sabernos amados.
No lo olvides: busca en silencio en tu corazón y ahí estará todo aquello que necesitas para sentirte pleno o plena. Y con un poco de ayuda también se puede: conecta con quienes te quieren; ellos pueden darte pedazos de ese mapa hacia tu interior.
Te dejo la letra de la canción de Mecano para que la escuches cada vez que sientas que algo te falta… que te recuerde dónde buscar.
Sandra L Vargas

Soy Sandra…
Psicóloga y psicoanalista. Mi camino comenzó temprano, primero como paciente y luego como alguien profundamente interesada en comprender la experiencia humana desde dentro. Me formé en psicología y Psicoanalista en México y en España. Desde 2008 tengo mi práctica privada. A lo largo de los años he combinado el trabajo clínico, la docencia y la creación de espacios de acompañamiento emocional, convencida de que el autoconocimiento no es un destino sino un proceso vivo. Este espacio nace de ese recorrido: un espacio para pensar, sentir y abrir preguntas, en comunidad.

Sképsis · Reflexiones es el blog de ABRIR, un espacio de salud emocional y autoconocimiento donde exploramos emociones, cuerpo y relaciones para abrir preguntas y crear comunidad.
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